Isabel Barreto

La vida de Isabel Barreto (s. xvi-Castrovirreyna, Perú 1612), la primera mujer almirante de la historia de la navegación, contiene más incógnitas y equívocos que certezas. Ni siquiera existe un retrato suyo y lo que sabemos de sus viajes ha salido de la pluma de su peor enemigo. De ella no se puede decir que era una mujer en un mundo de hombres porque, frente a la imagen tradicionalmente masculina de la colonización de los siglos xvi y xvii, una buena parte de la tripulación de los barcos que partían de España estaba compuesta por mujeres. La legislación favorecía la emigración familiar pero además las fuentes históricas están llenas de ejemplos de mujeres solteras, viudas o menores de edad embarcadas rumbo a América y Asia. Lo que sí resultó excepcional fueron esos tres meses de 1595 en los que tuvo que ponerse al frente de una tripulación hambrienta y hostil.

Aunque hay quien ha querido situar su nacimiento en Pontevedra, la mayoría de las fuentes apunta a que nació en Lima, en una familia acomodada de comerciantes. La proximidad de su familia al Virrey de Perú le auguraba una vida cómoda en la corte, pero cuando en 1586 se casó con Álvaro de Mendaña, su vida se orientó al Pacífico. Mendaña era el adelantado de las Islas Salomón, título concedido por haber sido el primer europeo en pisarlas, y soñaba con una segunda expedición que le permitiera ejercer de tal y explotar las sospechadas riquezas del archipiélago. Isabel Barreto decidió dedicar su dote a financiar el viaje y reunió las cuatro naves que en 1595 les llevaron junto a otros 400 hombres y mujeres rumbo a las Islas Salomón. La travesía fue más accidentada de lo previsto pero tres meses más tarde llegaron a la Isla de Santa Cruz (actual Ndende), en el archipiélago de las Salomón. Poco después de desembarcar murió Álvaro de Mendaña, dejando por testamento a Isabel como adelantada de las Islas y al hermano de Isabel como almirante de la expedición. A la muerte de éste en una escaramuza con los nativos, Isabel Barreto se convirtió en la primera mujer almirante de la historia.

No fue un título ni largo ni placentero. Su primera decisión fue poner rumbo a Manila, en una travesía de tres meses en los que tuvo que imponerse a una tripulación enferma, diezmada y dispuesta al motín. Ordenó un férreo racionamiento de víveres que provocó la deserción de dos de los buques que componían la expedición y a punto estuvo de costarle la vida, según la crónica del piloto del barco y conspirador mayor, Pedro Fernández de Quirós. Finalmente en 1596 llegaron a Manila donde fue recibida con honores por el Gobernador. A los pocos meses, deseosa de lanzarse de nuevo al mar y hacer valer los títulos de explotación heredados, se casó con Fernando de Castro, sobrino del Gobernador. Volvieron a Perú para organizar una nueva expedición a las Islas Salomón pero allí descubrieron que el piloto Fernández de Quirós había conseguido las licencias de exploración de los territorios que ella consideraba suyos. A pesar de años de pleitos, nunca volvió a navegar y murió en Perú en 1612. Fernández de Quirós si continuó sus viajes en busca de la Terra Australis, encontrando por el camino el archipiélago de Vanuatu. De él sí existe retrato.

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  • Imagen 1
  • Manuscrito Bibliotreca Virtual de Defensa
  • Mapa de las Indias
  • Ruta ida y vuelta galeon Manila. Autor Museo Naval